lunes, 30 de marzo de 2015

¿Y cómo es estar del otro lado?

Muchas veces se siente como que te ahogas en tus propios pensamientos y te asfixias con tus propias  palabras.
Es como caer por el abismo, donde todo se turna cada vez más y más oscuro. Pero llega el momento en el que te acostumbras a esa oscuridad y así, sin ver nada, continúas tu vida con la misma monotonía. Tropiezas con la misma piedra pero como tú eres el único que lo siente, entonces callas.
Hay personas que duran años en aquel lugar y sin quererlo construyen muros para hacer de aquella oscuridad su oscuridad. Y cuando llega alguien que intenta o que logra destrozar todo lo que se ha construido, te enojas, te enojas porque piensas que en realidad no eras tan fuerte como pensabas y luego sientes miedo, temor, porque tus secretos, tus manías, todo tú está siendo expuesto.
Es como cuando, un prisionero que ha estado toda su vida encarcelado en un calabozo, es liberado y, al tener contacto con la luz, se cubre de ella, porque nunca la había sentido del todo. Y luego llega la momentánea felicidad, porque lo queramos o no estamos siendo notados, alguien se está preocupando lo suficiente como para destruir esos muros.
Hay días en los que me siento fatal, Narda, tan horribles que no me importaría estar con la peor persona sólo para estar con alguien, pero a la vez sé que aunque se convirtiera de pronto en lo más bueno, no entendería lo que estoy sintiendo por el simple hecho de que no es ella quien lo siente.

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