"Si en verdad me odias y te cansaste de mí, mírame a los ojos y dímelo", Exigió él. "¿Lo haces? ¿De verdad?" Preguntó mientras le tomaba de la mano, casi como si en ella le entregara el corazón a punto de romperse.
Ella sabía la respuesta, esa que se le adhería hasta en los huesos, una que no debería ser pronunciada, porque si lo hacía, el muro que había construido a lo largo de los años se vendría abajo. Ella no quería eso, no después de ver lo que sucedía cuando bajabas la guardia. Así que hizo lo que mejor sabía hacer. Levantó la vista, se encontró con su mirada. Y mintió.
"Sí", Respondió ella y para el instante en que las palabras salieron de su boca, todo había terminado.
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